Artritis reumatoide

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Archivo:RheumatoideArthritisAP.jpg
Radiografía de mano afectada por artritis reumatoide

La artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria crónica de etiología desconocida, que afecta principalmente a personas en edad productiva. Hasta un 70% de los pacientes con AR presentan limitaciones laborales a los 10 años de evolución de la enfermedad.
Debido a los avances en el manejo de la enfermedad, muchos pacientes pueden seguir trabajando, aunque con distintos grados de disminución de su productividad laboral. Aquellos con enfermedad más activa son los que presentan mayor afectación laboral, pero, paradójicamente, los trabajadores con AR de baja actividad tienen menor productividad que los que están en fase de remisión.

Artritis reumatoide y ejercicio físico[editar]

El reposo prolongado produce atrofia muscular, altera los reflejos propioceptivos, provoca la migración de fibroblastos en la articulación inmovilizada generando adherencias intrarticulares y pericapsulares e interfiere con la nutrición del cartílago.
Se debe recomendar al paciente con artritis reumatoide la realización de ejercicio físico, dentro del tratamiento integral del cuadro. Los ejercicios isométricos, que han sido clásicamente recomendados, pueden ser negativos si hay derrame articular, por el incremento de la presión intraarticular y la hipoxia sinovial. En cualquier caso, los ejercicios isométricos son de utilidad para prevenir la atrofia muscular en articulaciones inmovilizadas, siendo más efectivos que otras alternativas habituales como la combinación de ejercicios pasivos y electroestimulación.
Los programas incluirán ejercicios aeróbicos —marcha, danza, bicicleta— y ejercicios de potenciación con pesas, y/o bandas elásticas, dirigidos a las articulaciones más frecuentemente afectadas por la artritis, rodillas, hombros, codos y manos y estiramientos musculares.
No existe una pauta de ejercicios isométricos que se pueda considerar ideal. Como orientación pueden recomendarse tablas de 6 repeticiones, con una intensidad equivalente a dos tercios de la fuerza máxima, manteniendo la contracción 6 segundos, con descansos de 10-20 segundos, repitiéndose estas series tres veces por semana. Los ejercicios isotónicos, con distintas cargas, logran mayores incrementos de la capacidad aeróbica, movilidad articular y fuerza muscular. Se pautarán tres veces por semana y se diseñarán para que el paciente inicie el tratamiento en el servicio de rehabilitación y continúe en su domicilio, con supervisiones periódicas en el servicio y sólo se interrumpirían en fases de brote inflamatorio. Se pueden esperar resultados positivos entre las 4 y 8 semanas del programa.
Casi todas las formas de ejercicios producen ventajas en el paciente. La hidrocinesiterapia se ha mostrado efectiva para disminuir la rigidez articular, el dolor y para mejorar el balance articular en todas las formas de artritis.
La práctica continuada de ejercicio físico es recomendable e influye positivamente en diversos aspectos de la evolución de la enfermedad. Mejora la fuerza muscular, incrementa la capacidad aeróbica y la capacidad para las actividades de la vida diaria (AVD), disminuye el dolor y la actividad inflamatoria e induce cambios en el sistema inmunitario (disminución en plasma de linfocitos CD4+ y disminución en orina del calcitonin gene-related peptide-like inmunoreactive (CGRPLI). A la disminución de este neuropéptido se atribuye una modulación del tono simpático y menos síntomas de la enfermedad). También se han comunicado cambios positivos en el seguimiento radiológico de los pacientes artríticos que siguen protocolos de ejercicios, aunque no existe evidencia científica de estas modificaciones radiológicas.

Bibliografía[editar]

VV.AA.: Enciclopedia práctica de Medicina del Trabajo. INSST.